Los riesgos de la hepatitis en el embarazo

Publicado el 24 de Julio, 2020
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Durante la gestación, existen varios tipos de hepatitis viral, de las cuales dos de ellas se pueden transmitir al feto: B y C. En ambos casos, la patología tiende a presentarse de manera asintomática, pero existen medidas de prevención y tratamiento para evitar el contagio de la madre al niño.

El 28 de julio se celebra el Día Mundial contra la Hepatitis, una infección del hígado que puede afectar a cualquier persona independiente de su sexo o edad. No obstante, existen dos tipos de virus que se pueden transmitir a un niño través del embarazo, la hepatitis B y C. A diferencia de estas, en la hepatitis por virus A el contagio es poco frecuente, pero se genera al momento del parto “cuando ya no existe la protección del vientre materno y sus anticuerpos”, explica el gineco-obstetra especialista en medicina materno-fetal de Clínica Vespucio, Dr. Francisco Díaz.

En el caso de la hepatitis producida por el virus B, la transmisión puede evitarse si el hijo recibe los medicamentos necesarios desde el momento del nacimiento. “Si la cantidad de virus en la sangre de la madre es muy elevada, es necesario, además, indicar tratamiento farmacológico adicional durante el embarazo, para reducir la posibilidad de contagio”, precisa el especialista.

En ambos tipos de hepatitis la mayoría de los pacientes no presenta síntomas. Sólo en algunos casos, existe malestar general, con dolor muscular, pérdida del apetito, similar a las señales de una gripe. También pueden aparecer ojos y piel amarillos, orina muy oscura y deposiciones sin color.

¿Quién corre el riesgo?

La hepatitis A produce una alteración en las múltiples funciones del hígado, pero de corta duración y completamente reversible, por lo que no genera mayores complicaciones durante el embarazo para la madre. No obstante, en el caso de que la adquiera el menor, “los riesgos son más elevados principalmente por la alta posibilidad de contagio al resto de los recién nacidos cercanos”, afirma el ginecólogo.

La hepatitis B es más peligrosa, tanto para la madre como para el menor, ya que ambos corren el riesgo de padecer hepatitis crónica y desarrollar falla hepática o incluso cáncer de hígado. “La infección crónica es muchísimo más común en los recién nacidos, por lo cual es más frecuente que ellos desarrollen estas complicaciones”, advierte el doctor.

Recomendaciones

El contagio de la hepatitis A es denominado fecal-oral, ya que se adquiere al ingerir algún alimento o agua contaminado con deposiciones. Por ello, como en todas las infecciones adquiridas por vía oral, es fundamental el lavado de manos antes de preparar alimentos, antes de comer, después de ir al baño y beber siempre agua potable.

En cambio, la forma de adquirir la hepatitis B es por contacto con sangre o fluidos corporales de una persona infectada. Para evitar el contagio, lo fundamental es seguir las mismas medidas de prevención que se utilizan para prevenir el virus del VIH. Entre ellas, el uso de preservativo, tener pareja sexual única y no compartir jeringas si usa drogas endovenosas. Para la prevención de la infección del recién nacido, se administran inmunoglobulinas –anticuerpos exclusivos contra el virus B– y se coloca la vacuna contra el mismo virus.

Médico: Dr. Francisco Díaz Moreno
Especialidad: Ginecología y Obstetricia

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