Dr. Carlos Navarrete: “Esta enfermedad me remeció el piso”

Publicado el 13 de Agosto, 2020
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El coordinador de Neurología de Clínica Vespucio estuvo siete días internado en la UTI por COVID-19. A sus 62 años, el médico reconoce que por primera vez se sintió vulnerable y en peligro, y que hoy ve la vida de otra manera.

 

Han pasado tres meses desde que su vida cambió y el doctor Carlos Navarrete, coordinador de Neurología de Clínica Vespucio, recién ahora quiere hablar del tema.  Padre de cuatro mujeres y casado con una colega desde hace más de tres décadas, el coronavirus lo afectó a él, a su esposa e hijas menores, marcando un antes y un después de la pandemia en su biografía: “Esta enfermedad me remeció el piso. Los médicos tenemos, lamentablemente, la creencia de que no nos vamos a enfermar, que somos
inmunes. Pero ver personas mucho más jóvenes que yo muy graves por coronavirus y sentirme sin aire, como un pez fuera del agua, fue una sensación de muerte. Nunca me había sentido así, desvalido”.

Atención de confianza

El Dr. Navarrete cuenta que, ante la sospecha de contagio y lo mal que se sentía, no lo pensó dos veces y acudió a la Urgencia de la clínica donde trabaja desde hace 13 años. “Consulté por dos síntomas fundamentales e invalidantes: la cefalea y la dificultad respiratoria. Caminaba unos pasos y me cansaba, no podía inspirar profundo, eso me asustó mucho. La atención fue expedita. Los médicos, TENS, enfermeras, incluyendo al personal administrativo, actuaron de acuerdo a las normas que corresponden. Todos me trataron muy bien”.

Luego, cuando fue internado y pese al temor por la enfermedad en sí, se sintió tranquilo. “Qué mejor que los mismos médicos que trabajamos en Clínica Vespucio queramos hospitalizarnos aquí. Eso habla de una gran confianza hacia la institución y del conocimiento de sus altos estándares en el manejo de esta compleja enfermedad”.

El cuidador cuidado

Es así como el Dr. Navarrete pasó de diagnosticar y dar tratamientos a ponerse en las manos de un equipo médico para decir “sálvenme”. Reconoce que, al no estar acostumbrado a vivir la otra cara de la moneda, en un comienzo fue un poco autoritario, hasta que entendió que debía bajar la guardia: “Fue una transición difícil pero necesaria. Al principio discutía con los colegas y les decía ‘no me den esto, denme esto otro’. Pero llegó un momento en que asumí que no tenía el control. Por duro que pareciera y por extraño que fuera, no había otra alternativa, porque en este caso no era el médico, sino el paciente”.

Un par de días después de su hospitalización en la Unidad de Tratamientos Intermedios, su esposa también debió ser internada, por lo que sus hijas menores quedaron solas en la casa. “Ellas estaban sufriendo mucho porque nuestro pronóstico era incierto. Además, esta enfermedad tiene la particularidad que no hay posibilidad de visitas, se pierde el contacto físico. Es terrible en ese sentido. Afortunadamente me autorizaron a comunicarme, una vez al día, con mi señora y mis hijas a través del celular. La mayor, que vive en Australia, estuvo muy pendiente, evaluando cómo viajar a Chile si nuestro estado de salud se complicaba”.

Las secuelas del COVID-19

Luego de casi 3 meses desde que le dieron el alta, reponerse de las consecuencias del coronavirus no ha sido del todo sencillo. “Al principio me quedaba sin aire hasta cuando me levantaba al baño, porque esta enfermedad da una neumonía que prácticamente destruye los alvéolos. Por eso, estoy en un programa de rehabilitación con sesiones de kinesioterapia a distancia desde que salí de la clínica y recién ahora puedo caminar varias
cuadras sin cansarme o subir tres pisos por las escaleras sin problemas”.

Una lección de vida

Transformación. En eso podría resumirse la experiencia del neurólogo y profesor de medicina con el COVID-19. “Me cambió la vida y no estoy exagerando. Antes jamás almorzaba en mi casa, llegaba tarde y asumía que era natural que así fuera. Ahora quiero estar más con mi familia, con mi señora, disfrutar el tiempo en la casa. Hoy no me importa si me reconocen como médico”, asegura, y concluye con una reflexión: “Lo más importante es decirle ‘te quiero’ a las personas que quieres, disfrutar el momento, no dejar las cosas para después. Ya no es vivir para trabajar, ni siquiera trabajar para vivir. Es simplemente vivir”.

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