Clinica Vespucio

21/04/2014
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Embarazo muy pronto... o muy tarde

Fecha: 20-05-2009

Existen precauciones especiales que debes tener en cuenta si vas a ser mamá y tienes menos de 20 años o más de 40. Conoce los principales riesgos de cada caso y toma medidas.

Aunque, según los expertos, la edad ideal para un embarazo se encuentra entre los 20 y los 35 años, esto no significa que las mujeres menores de 20 o mayores de 40 años no puedan tener bebés sanos y un parto sin complicaciones. El secreto está en conocer los riesgos y tomar las acciones necesarias para prevenirlos. También es escencial vigilar la salud de la madre para tratar oportunamente cualquier signo de alarma.

Riesgos de la juventud

El principal problema al que se enfrenta una joven a quien la sorprende el embarazo antes de los 20 es precisamente ese: la sorpresa. Como la mayoría de los embarazos de las adolescentes son no esperados, muchas de ellas se dan cuenta de su estado en forma tardía, por lo cual el control prenatal en los primeros meses es, prácticamente, nulo. También influye el hecho de que estas madres, por lo general, no se alimentan bien y en algunos casos existe mayor consumo de sustancias tóxicas (como alcohol o tabaco o drogas). Todos estos factores hacen que aumente el riesgo de sufrir pre-eclampsia, de tener un parto prematuro, de dar a luz un bebé de bajo peso o con alguna malformación en el caso de uso de  drogas.De igual manera, la juventud de la madre puede hacer que el parto sea un poco más prolongado, que la mujer sufra un descontrol emocional o se presenten lesiones vaginales o desgarros si la madre es muy pequeña. Por ello es importante que planees con anterioridad a qué clínica o centro de salud acudirás llegado el momento.

 Desafíos de la madurez

Es un hecho que hoy las mujeres postergan cada vez más la maternidad. Se calcula que una de cada cinco tiene su primer hijo después de los 40. Por la edad, estos embarazos también son de alto riesgo. Los especialistas aseguran que estas mujeres padecen con mayor frecuencia enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión arterial, obesidad o afecciones en la tiroides que deben ser controladas para no afectar al feto.  En general, en las mamás de más de 40 años, aumenta la tasa de cesáreas y parto instrumentado, mientras que sus hijos tienen más riesgo de presentar alteraciones cromosómicas, defectos congénitos y existe una gran amenaza de aborto espontáneo en el primer trimestre.

 Cuestiones de la mente

Dado que la madurez emocional de la madre en los dos escenarios es muy distinta, es conveniente que sepas cuáles son las fortalezas y los temores a los que te enfrentarás.

Si eres una mamá adolescente, con frecuencia el embarazo genera un estado de crisis en ti y en tu familia, desencadenando momentáneamente un desequilibrio donde la culpabilidad se convierte en el centro de tus emociones. Con seguridad, si el embarazo te sorprendió antes de los 20, te sentiste preocupada por el aspecto económico, tu futuro y la relación con tus padres o con tu pareja.

Sin embargo, de acuerdo con la experiencia médica, con el paso de los días, la ansiedad disminuye, y es en este momento cuando debes analizar lo que va a pasar con tu vida. 

Los especialistas recomiendan trabajar la aceptación del embarazo y fortalecer la relación con la familia y la pareja. Si logras equilibrar tus emociones y llevar un embarazo tranquilo, transmitirás esa serenidad a tu bebé. Como mamá adolescente tienes la ventaja de que tu cuerpo es joven y fuerte; y el gran optimismo y amor por la vida que disfrutas a tu edad con seguridad ejercerá un efecto benéfico sobre todo el proceso.

Todo lo contrario sucede con las mamás mayores de 40. Estas mujeres, por lo general, llevan varios años buscando el embarazo, entonces el niño es una guagua deseada. Si es tu caso, dada tu experiencia en la vida y la muy probable estabilidad económica y emocional, este puede ser un momento indicado para convertirte en madre. De todas maneras es importante que trabajes mucho el vínculo con tu guagua y en especial tu relación de pareja, pues esto contribuirá enormemente a tu tranquilidad.

Si vas al médico de inmediato y sigues todas sus recomendaciones, te sentirás más tranquila.

A cuidarse por dos

Todo embarazo requiere control, pero en las mujeres menores de 20 o mayores de 40, la vigilancia médica y los cuidados propios deben ser más rigurosos en aras de reducir los posibles riesgos.

  • Crea hábitos sanos. Por el bienestar de tu guagua, en tu estilo de vida no deben tener cabida la comida chatarra, el sedentarismo, el alcohol, ni el cigarrillo (incluidos los ambientes donde hay personas que fuman).
  • Cuida tu nutrición. Acude al médico para determinar tus necesidades nutricionales específicas. En las adolescentes, se verifica que consuman una dieta adecuada; en las maduras, se cuida que su aumento de peso sea el indicado, pues hay mayor probabilidad de subir kilos extra y esto trae consecuencias como dolores musculares o complicación de enfermedades crónicas. No olvides que la obesidad es un factor de riesgo para la hipertensión y la diabetes gestacional, sin mencionar que el trabajo de parto puede ser más largo.
  • Vigila las vitaminas. En ambos casos, es importante recibir el aporte suficiente de hierro y ácido fólico para evitar complicaciones en el feto y garantizar la cantidad de calcio necesaria para el embarazo y el crecimiento (que en las adolescentes aún no ha finalizado). Los expertos estiman que las mujeres necesitan diariamente alrededor de 0,4 mg de ácido fólico, ya sea en tabletas o consumiendo vegetales de hojas verdes (naranjas, melón, plátano, leche y granos). Para las mamás maduras, la idea es empezar a recibir el aporte de hierro y ácido fólico al menos tres meses antes de la concepción, para disminuir el riesgo de defectos congénitos o abortos.
  • Acude a todas las consultas prenatales. Desde el momento en que te enteres de tu embarazo, asiste al médico para que te haga el diagnóstico preliminar de tu estado general de salud y el de tu embarazo, así como para que te ordene cualquier procedimiento que sea necesario.
  • Programa un control ‘pre-concepcional’. Las mujeres mayores de 40 años deben hacer, en lo posible, una cita antes de quedar embarazadas para descartar infecciones bacterianas, virales o parasitarias previas al embarazo y realizar el estudio de enfermedades crónicas que se empiezan a manifestar a esta edad, como diabetes, hipertensión o alteraciones de la tiroides. También para descartar que haya anemia o algún otro tipo de deficiencia de vitaminas. Con ese diagnóstico, es posible tratar cualquier condición preexistente para que tu embarazo transcurra sin riesgos para la guagua, o prever las complicaciones que puedan presentarse. Además, te permite tener claros cuáles son los signos de alarma, de manera que sean detectados con el tiempo justo para poder tomar las medidas necesarias.
  • Realízate todos los exámenes que te soliciten. Lo más probable es que entre las semanas 11 y 14 se te ordene una prueba de "tamizaje" para descartar alteraciones cromosómicas; este estudio combina el ultrasonido con un examen de sangre. Luego, en la semana 20, se te practica un ultrasonido anatómico-fetal detallado, el cual permite observar de cerca los órganos en desarrollo del feto. Si el resultado en alguna de las pruebas indica que existe un problema es probable que te hagan una amniocentesis: el médico introduce una aguja en la cavidad uterina y, guiado por imágenes ecográficas, llega hasta el saco amniótico de donde se extrae líquido que contiene células del feto y con el cual se hace el respectivo estudio genético.
  • Evita cualquier tipo de medicamento sin prescripción. No importa que sean de venta libre o con fórmula, ten mucha precaución si vas a ingerirlos pues siempre deben ser recetados y autorizados por el obstetra. Cuando consumes un medicamento previo al embarazo que no puede interrumpirse, como en los casos de asma, epilepsia, tiroides o migraña, consulta a tu médico acerca de la mejor manera de administrarlos.
  • Procura un embarazo tranquilo. La estabilidad emocional de la madre permite que la gestación transcurra con tranquilidad y armonía tanto para la mamá como para su hijo. En las adolescentes es importante la participación de una sicóloga con conocimiento de los problemas perinatales para ayudarlas a vivir lo mejor posible su embarazo. 

 En proceso de adaptación

 María Alejandra (17 años)
“Al principio fue muy difícil por mi edad, pero todo ha sido un proceso de adaptación. Ahora, con ocho meses de embarazo, siento más amor por mi guagua; esto, unido al cariño que le transmiten mis seres queridos, ha hecho la espera mucho más linda. Claro que todavía hay gente que por la calle se sorprende cuando me ve embarazada tan joven, pero estoy tranquila porque siento una alegría inmensa. Como tuve una amenaza de aborto a las cinco semanas de embarazo, desde el principio fui al médico, quien me indicó cuáles eran los cuidados que debía tener en cuanto a alimentación y ejercicio. Comencé a hacer pilates, lo cual me ha ayudado muchísimo. Además, empecé a consumir más fibra y frutas que, en verdad, no estaban muy presentes en mi dieta, y también a tomar jugos naturales y sopas. He decidido que continuaré viviendo con mi mamá y cuando nazca Sofía volveré a la universidad”.

Una guagua muy esperada
Consuelo, (43 años)
“Llevábamos nueve años buscando una guagua y de repente, sin hacer tratamiento de fertilidad, quedé embarazada de Juan Francisco, es decir, mi embarazo fue esperado pero no planeado. Por mi edad, me atendió un especialista en embarazos de alto riesgo, quien inicialmente me veía cada mes. En el tercer mes presenté un sangrado y tuve que estar en total reposo por 20 días. Luego tuve una dilatación del cuello uterino que creaba amenaza de aborto, por eso, cuando llegué a los cinco meses de embarazo me practicaron un cerclaje para evitar que el cuello se siguiera dilatando, un procedimiento que a pesar de ser riesgoso, funcionó perfectamente. Como soy vegetariana desde hace muchos años, tuve una anemia muy fuerte que controlé con una dieta equilibrada para mantener buenos niveles de hemoglobina y luego presenté diabetes gestacional, que también se contrarrestó con una adecuada alimentación. Cuando tenía ocho meses y una semana me practicaron una cesárea. Mi guagua nació perfecto”.

Texto publicado en la revista Embarazo y Parto y elaborado con la colaboración del gineco-obstetra de Clínica Vespucio, Dr. Enrique Gaggero.